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La Terrible realidad de la desungulación

La opinión veterinaria 

Para el gato, arañar es un comportamiento innato.

En las casas satisfacen esta necesidad haciéndolo sobre muebles, cortinas y demás objetos. Se puede decidir “quitarles las uñas” para evitar esto, pero se trata de una mutilación irreversible: El gato ya no podrá trepar, cazar, defenderse, etc. Esto es importante, sobre todo en los gatos con acceso al exterior. 

La DEUNGULACIÓN (ONIQUECTOMIA) es la extirpación de las uñas. Se trata de amputar la tercera falange de los dedos. Es una intervención quirúrgica practicada con anestesia general y que requiere cuidados postoperatorios. Esta intervención es mutiladota y frustrante para el gato. 

Hay alternativas a este acto, como es el corte de uñas que el propietario puede practicar en su casa de vez en cuando, o el empleo de rascadores. Es cuestión de educar al gatito desde pequeño. 

De esta manera, los muebles de casa seguirán en buen estado... y vuestro gato también. 

Fdo. María LozoyaC. V. Pericones


NO a la desungulación

Todos sabemos que cuando tenemos un minino en casa corremos el riesgo de que se afile las uñas en sofás, colchones, cortinas... y no es una práctica muy agradable para nosotros. Pero los gatos necesitan afilar sus uñas no solo porque deban mantenerlas afiladas, si no porque contribuye a su equilibrio psicológico. Forma parte de su conducta, y debemos intentar facilitarla y dirigirla hacia donde a nosotros nos resulte mas cómodo.

Muchos veterinarios recomiendan la desungulación como solución definitiva a esos rascados en lugares no deseados. Este tipo de operaciones están prohibidos por leyes de protección animal en la mayoría de países en los que el gato forma parte de los animales de compañía, pero algunos como estados Unidos o España aun la practican. Es una operación rápida, y que no tiene mucho riesgo. Pero lo que no dicen estos veterinarios son las consecuencias de esta operación, y en lo que realmente consiste.

Durante la cirugía se extrae la ultima falange de los dedos del animal, de la cual nace la uña. Evidentemente el gato ya no puede afilar sus uñas, y los muebles de la casa quedan a salvo. Pero al gato le produce secuelas, algunas bastante duras:

- Pierden la capacidad para rascarse en muchas zonas de su cuerpo.

- Pierden flexibilidad y tonicidad que mantenían gracias al estiramiento durante el rascado.

- Actividades como escalar, mantenerse en superficies estrechas, o incluso salir de algún apuro se vuelven difíciles o imposibles.

- Sus juegos se ven reducidos. No puede agarrar los muñecos, lanzarlos, atraparlos...

- Dificulta la tarea de excavar y cubrir su desechos.

- En caso de peligro la capacidad de defensa del gato disminuye considerablemente.

- Situación psicológica: la incapacidad para hacer todas las tareas anteriormente enumeradas le crea una sensación de ansiedad y angustia, lo que le sume en una situación depresiva, volviéndose un animal retraído, llegando a aislarse voluntariamente. Además el gato utiliza el rascado como descarga de estrés. Cuando el gato tiene una acumulación de energía utiliza el rascado como una liberación ante ese acumulo, y le permite relajarse y volver a la rutina de nuevo. Privarle de ello contribuye a desequilibrios emocionales.

 

Además de todo lo anterior, la operación puede no haber resultado perfecta, de manera que quedan resquicios del nacimiento de la uña, creciendo deformadas y produciendo problemas infecciosos y dolorosos al gato. Incluso el animal puede sufrir un dolor continuo de esa falange a pesar de haberla amputado (muchos conoceréis el caso del dolor de las extremidades amputadas. Duelen a pesar de no estar ahí).

Hay otros métodos que no perjudican la salud de nuestro gato como el corte de uñas periódico, las fundas temporales, repelentes, y lo más fundamental: facilitar una zona de rascado al animal y educarlo para que la utilice.

 

Enlace a imágenes reales de una operación de desungulación

- ATENCIÓN: las imágenes pueden herir su sensibilidad -

 

Diseño y realización: © asociación gatofeliz