Aquí yace una gata

Este epitafio lo escribió el marqués de Caccavone (Nápoles 1894), a su querida gata.

Aquí yace una gata
Era como la conciencia de un usurero.
Amasaba ratones más que un médico amasa enfermos.
Maullaba como un tenor de la Scala.
Se henchía como un diputado en el Parlamento.
Dormía como un senador en el Senado.
Robaba como un farmacéutico.
Era prudente como cierto almirante.
Era astuta como un empresario.
Era sospechosa como un policía.
Absoluta como un gobernador.
Era cortés, como no lo es un empleado.
Esquivaba la fatiga como un magistrado.
Era alegre como una muchacha al principio de enamorarse.
Era loca como un poeta, falsa como un periodista.
Era inteligente, como no lo es un jurado.
Fiel como no lo es una mujer.
Devoraba peces como el ministerio devora millones.
Tú que pasas por aquí, dime si este animalito, una pobre piedra no merecía, mucho más que algunos a quienes se han alzado espléndidos mármoles.