El fascinante mundo de los gatos

Algunas cuestiones que nos causarán sensación.

Los gatos al nacer no pueden ver ni oí­r, pero sí­ pueden tocar y oler, reconocen a su madre por medio de estos dos sentidos, de hecho, el sentido del olfato jugará un papel primordial en sus vidas. 

La alimentación es crucial en este momento, un gato recién nacido duplica su peso en sólo 5 dí­as, cada gato tiene su propio pezón, al que vuelve por medio del olfato cada vez que quiere comer. Este mecanismo de la naturaleza evita disputas entre las crí­as por el alimento. 

Dependen de la madre de una forma vital, no sólo por el alimento sino también por el abrigo, dado que los gatitos recién nacidos no pueden controlar su propio calor corporal, por lo que sin el contacto y el calor materno morirían en menos de una hora. 

Los cachorros abandonan el seno materno en cuatro semanas. A las cinco semanas tienen perfectamente desarrollado el oído. La vista la desarrollan plenamente a los cinco meses. No conocen el miedo hasta las seis semanas de vida. 

Si los gatos no entran pronto en contacto con humanos no podrían ser mascotas y crecerían como felinos salvajes recelando de nosotros. Esto no quiere decir que tengan que ser necesariamente arrancados de su madre, sino que se acostumbren desde pequeños al contacto y la compañí­a humana. 

A los cinco meses un gato es adulto y autosuficiente. Al año, todos los sentidos, fuerza muscular y coordinación fí­sica están plenamente desarrollados. 

El cuerpo
Las caracterí­sticas del cuerpo de un gato serí­an la envidia de cualquier deportista. 

Tienen 40 huesos más que el hombre repartidos entre la columna y la cola principalmente, lo que les da una flexibilidad excepcional. También los discos entre las vertebras son más gruesos que los humanos y se estiran, giran y contraen mucho más, lo que les posibilita adoptar posturas casi imposibles. Pueden aumentar la longitud de su cuerpo en un 11%, recorren cinco veces la longitud de su cuerpo de un salto, lo que equivale a cruzar de un salto el equivalente humano del ancho de una piscina y, mientras las patas de atrás ejecutan el salto por medio de un estallido de fuerza bruta, las delanteras recuperan el equilibrio en una décima de segundo. El torso es estrecho, lo que posibilita que las patas delanteras puedan colocarse muy juntas, utilizando la cola para mantener el equilibrio, si este equilibrio se pierde tienen un sistema exclusivo de alarma: El lí­quido del oí­do interno chapotea y desencadena un reflejo autocorrector que les asegura casi siempre caer de pie, una vez en el suelo, vuelven el lí­quido a su sitio con un rápido movimiento de cabeza. 

Los sentidos 
En cuanto a sus sentidos, tanto el de la vista como el del oí­do están bastante más desarrollados que en los humanos. Por ejemplo, en el oído de un gato el tictac de un reloj suena cuatro veces más fuerte. Su oí­do también puede diferenciar a hombres y mujeres, de hecho sienten más agrado por los tonos altos como el femenino. Pueden oír simultáneamente cientos de sonidos que ni el hombre ni el perro podrí­an ser capaces de detectar y analizar por separado y ni mucho menos juntos. Poseen más de veinte músculos en cada oreja, lo que les permite moverlas independientemente a fin de localizar sonidos con total precisión, son incluso capaces de oí­r la corriente eléctrica residual, esa que va por los cables eléctricos incluso con los electrodomésticos apagados. Toleran una cacofoní­a de sonidos que a nosotros nos resultarí­a ensordecedora. Su oí­do es tan fino que pueden localizar la posición exacta de una presa en tan sólo 1/16 parte de segundo.

La vista 
Su otro sentido especialmente desarrollado es la vista. Para ellos la vista es crucial para la caza, tanto como el oí­do. Sus ojos se concentranen la presa excluyendo todos los demás objetos. En ese momento es lo único que ven con total nitidez. Lo demás es una masa borrosa. Sus ojos funcionan casi con la misma eficacia de dí­a que de noche. 

La visión nocturna de los gatos es 5 veces mejor que la humana. Poseen gran cantidad de células receptoras de luz, el precio sin embargo es una cierta pérdida de nitidez. La visión se ve mejorada por un mecanismo de reflexión, en la parte posterior del ojo tienen una capa de cristales reflectores que enví­an de nuevo a la retina la luz no utilizada. Cuando la oscuridad es total los bigotes sustituyen a los ojos. Todos los objetos producen perturbaciones en el aire que los rodea, aun en las noches quietas los bigotes pueden percibir mí­nimos cambios en la atmósfera. Este radar le permite caminar entre objetos que apenas ve, como si sus bigotes fueran otro par de ojos y a pesar de no ver a su presa, pueden determinar por este medio y sobre todo por el oí­do, su posición exacta con un error de sólo unos centí­metros a una distancia de decenas de metros.

El gusto
Un sentido que tienen poco desarrollado es el gusto, que es bastante inferior al del humano, de hecho poseen un 25% menos de papilas gustativas que nosotros y, al revés que los perros, no son golosos. En cuanto a la comida, detestan la comida frí­a de la nevera, lo que más les gusta es que se encuentre a la temperatura de la presa, en torno a 36 grados. Poseen no obstante un sentido a medio camino entre el gusto y el olfato, tienen un órgano en el paladar que no tiene el hombre, los olores entran por la boca y ascienden por dos orificios situados detrás de los dientes delanteros y que conducen a una diminuta cámara donde se concentran y se absorben, lo que significa que los olores pueden, literalmente, saborearse.

El olfato 
Su olfato, por otra parte, es 14 veces más sensible que en los humanos, si bien está menos desarrollado que en los perros. Este es un sentido que utilizan para comunicarse, no para cazar. Es probable que nos reconozcan más por el olfato que por la vista, de hecho, ellos no reconocen su propia imagen en el espejo porque carece de olor. Un gato posee doscientos millones de células olfativas, mientras que el hombre sólo cinco millones, además el área de cerebro reservada al olfato es también mayor que en el hombre. Pueden saber quien ha estado en una habitación y cuando se ha ido sólo olisqueando el aire. 

El tacto
Otro fino sentido que poseen es una especie de tacto, pero no de la forma que nosotros lo entendemos. Las sensibles almohadillas de sus patas registran cualquier vibración. Esto lo utilizan ellos como un sistema de alarma. Los gatos, por este medio, son capaces de percibir un terremoto días antes de que suceda, registran incluso los que no son capaces de registrar los modernos aparatos cientí­ficos de medición. Todaví­a no se ha encontrado explicación a esta peculiaridad.

En cuanto al resto de su piel, el pelo les protege del exceso de calor, por ello toleran temperaturas extremas, es fácil verlos durmiendo plácidamente junto a estufas, chimeneas, etc. a una distancia que a nosotros nos resultaría insoportable o cuando menos, incómoda, mientras que ellos perciben un agradable calorcillo. 

También toleran en gran medida el dolor, debido a un elevado número de endorfina que generan cuando les son necesarias.

Tienen un excepcional sentido de la orientación, muchos han recorrido cientos de kilómetros para volver a su territorio. Se cree que se orientan por una combinación del sol y el campo magnético de la tierra. Más difí­cil es explicar cómo algunos gatos han recorrido distancias enormes para reunirse con sus dueños tras una mudanza cuando ellos no han estado ahí nunca.

La ciencia actual no puede explicar en su totalidad la magia felina. Quizás sus sentidos están mucho más desarrollados de lo que pensemos o posean sentidos que aún desconocemos.

Fuente: TuMascota.com